GUERRA A ULTRANZA

GUERRA A ULTRANZA

Presentación en el Seminari de Tarragona

Presentación

lunes, 3 de marzo de 2014

La Coronela




La Coronela

Fuerza armada no profesional formada por menestrales y artistas que encuadró a 4.000 barceloneses, organizados en cuarenta y ocho compañías y seis batallones. Cada compañía tenía ochenta hombres; ocho compañías formaban un batallón. El primer consejero, Rafael Casanova, fue su coronel. La pertenencia a los gremios o a los oficios determinaba la formación de las compañías y los batallones llevaban el nombre de los patronos católicos de la ciudad (1.º: Santísima Trinidad; 2.º: Inmaculada Concepción; 3.º: Santa Eulalia; 4.º: Santa Madrona; 5.º: San Severo; 6.º: Nuestra Señora de las Mercedes). Este cuerpo militar lideró la defensa radical y popular de Barcelona durante el sitio de 1713 y 1714 después de que la ciudad fuera abandonada por las tropas regulares aliadas. Cuando empezó el sitio borbónico se ordenó reforzar la defensa de la ciudad con la formación de las escuadras de cuartos, que debían agrupar a civiles y refugiados no alistados en el ejército de Cataluña o en la Coronela. Se formaron ocho escuadras, en las cuales había más de 2.700 hombres, que durante los últimos meses del sitio se transformaron en cuatro batallones (1.º: San Raimundo de Peñafort; 2.º: Santa María de Cervellón; 3.º: San Salvador de Horta; 4.º: San Olegario) que se acabaron integrando en la Coronela.

La voluntad de implicar a la mayoría de los ciudadanos en la defensa de Barcelona era una consecuencia del modelo político de la ciudad, en cuyos órganos de gobierno del Consejo de Ciento también participaban los sectores populares, a través de las organizaciones gremiales y de artistas (estamento formado por las cofradías de cirujanos, boticarios, notarios y otros, al cual de manera progresiva se fueron incorporando algunas profesiones menestrales). Por tanto, el ingreso en la Coronela era percibido como un deber cívico de los ciudadanos, inherente al ejercicio de sus derechos políticos. El abandono de las autoridades reales y de los ejércitos aliados hizo que la resistencia de la ciudad recayera de forma exclusiva en las instituciones catalanas, que recurrieron a la movilización ciudadana apelando a la defensa de los derechos y de las leyes propias de los catalanes.

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