GUERRA A ULTRANZA

GUERRA A ULTRANZA

Presentación en el Seminari de Tarragona

Presentación

domingo, 23 de marzo de 2014

Guerra a Ultranza, El caso de los Catalanes


Este fue el nombre que las cancillerías europeas que participaron en la Guerra de Sucesión dieron a los debates y acuerdos sobre Cataluña que se produjeron durante los dos últimos años del conflicto. El objeto de estos debates era garantizar la conservación de las libertades y constituciones catalanas en caso de que Felipe V saliera vencedor, tal como se había acordado en el Pacto de Génova (1705). La designación del archiduque Carlos como sucesor de su hermano al frente del Sacro Imperio Germánico motivó que, en enero de 1712, estas cancillerías se reunieran en un congreso para acordar la paz entre ingleses, franceses y españoles. Poco después, el representante del Imperio se incorporó a las negociaciones y propuso que los territorios de la Corona de Aragón se mantuvieran bajo su dominio. La propuesta fue rechazada por las cancillerías y Felipe V se negó a conservar la estructura política catalana. La respuesta del embajador imperial fue plantear la formación de una república catalana bajo protección británica, pero ingleses y españoles se opusieron. La negativa del emperador a que el embajador catalán, Francesc Berardo, marqués de Montnegre, asistiera a las negociaciones como un representante más de las naciones en guerra demuestra el poco recorrido que tenía la propuesta republicana.

El 19 de marzo de 1713, el archiduque Carlos, proclamado ya emperador Carlos VI, firmó el acuerdo por el cual se comprometía a retirar las tropas imperiales de Cataluña, aunque lo mantuvo en secreto y retrasó su aplicación; mientras tanto, daba órdenes a la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel de que abandonara Barcelona y volviera a Viena con su séquito, sin que las autoridades catalanas hicieran nada para obstaculizarlo. Tres meses más tarde, el virrey conde de Starhemberg hizo efectivo el acuerdo con la firma del Convenio de L’Hospitalet (22 de junio de 1713). Las negociaciones entre los británicos y Felipe V prosiguieron hasta que el gobierno moderado del vizconde de Bolingbroke transigió y aceptó el acuerdo de respetar las vidas y los bienes de los catalanes, pero no sus privilegios.

«El caso de los catalanes» resurgió en la Cámara de los Lores inglesa cuando la oposición de los whigs lo utilizó para desacreditar al gobierno de los tories. A pesar de los intentos del embajador catalán Felip de Ferran i de Sacirera de incidir sobre el nuevo monarca inglés Jorge I, la caída de Barcelona cerró cualquier posibilidad de reabrir el caso. No fue hasta 1719, a raíz de la invasión anglo-francesa del norte de Cataluña, que el ministro francés Guillaume Dubois presionó a su homólogo inglés, Lord James Stanhope, para restaurar la estructura constitucional catalana. El curso de la guerra dejó nuevamente en suspenso la cuestión catalana, que quedó zanjada de forma definitiva en el Tratado de Viena (30 de abril de 1725) firmado por los dos antiguos adversarios, Felipe V y el emperador Carlos VI, por el cual el segundo renunciaba a sus derechos sobre la sucesión de Carlos II de Castilla, que había desencadenado la Guerra de Sucesión.

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