GUERRA A ULTRANZA

GUERRA A ULTRANZA

Presentación en el Seminari de Tarragona

Presentación

viernes, 12 de abril de 2013

Fray Venancio


Venancio Olite fue coselete de los batallones de infantería de los tercios disueltos en 1704 por Felipe V. Luchó en el 93 en Francia, en la batalla de Marsaglia, a las órdenes del duque de Saboya, contra los franceses del mariscal Catinat, hasta que sintió la llamada de nuestro Señor e ingresó en la orden de Los Hermanos Menores Capuchinos. Así que en adelante, llamémosle, Fray Venancio, o de lo contrario sentiremos el golpetazo de su cayado en la riñonada, si es que no calcula mal y nos abre la cabeza.

Fray Venancio está loco de remate. Nadie entiende cómo no es expulsado de la orden religiosa, pues su conducta moral deja mucho que desear. Bebe, juega a los naipes y los dados y se acuesta con todas las prostitutas que se cruzan en su camino. Pero el verdadero valor de fray Venancio, es que es un libro abierto, pese a su locura extrema, pues conoce todos los detalles de cuanto acontece en las angostas y lóbregas callejas de Barcelona, así como lo que se cuece en los fogones del Consistorio, la Diputación y las Juntas constituidas para acelerar las deliberaciones en cuestiones militares.

Una de sus locuras recurrentes es pregonar a los cuatro vientos, que él conoce a la persona que ha robado las riquezas de los nobles que huyeron de Barcelona cuando se declaró la guerra al Borbón. La junta de los 36, por edicto del consejo de la Vice Regia, pretendía acuñar piezas de plata de a dos reales para satisfacer las soldadas, pero la plata, joyas y objetos de valor que quedaron en la casas abandonadas, ha desaparecido y los miembros de la Junta Secreta se han quedado con un palmo de narices, pese a que el pueblo, conocedor de las requisas, espera impaciente esas monedas.

Pero fray Venancio es un pozo de sorpresas, porque tan pronto desvaría, blasfema, insulta, se emborracha y se acerca al arrabal o al Portal del Mar para aliviar la entrepierna, como es poseedor del mayor de los secretos.

En ocasiones uno se cuestiona si esa locura no le hace el más cuerdo de toda la villa.

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