GUERRA A ULTRANZA

GUERRA A ULTRANZA

Presentación en el Seminari de Tarragona

Presentación

miércoles, 10 de abril de 2013

Aclaración de la situación política y social en el interior de Barcelona 1713

Aclaración de la situación política y social en el interior de Barcelona 1713

Nada de lo que deseo narrarles tendría sentido para vuestras señorías, si no intento aclararles antes de que inicien la leída de estos pliegos, del rancio ambiente que se respiraba en las callejas de la ciudad.
De igual modo, si me consienten, y si no, lo haré de todos modos, intentaré familiarizarles con las diferentes instituciones de gobierno de los catalanes y de las numerosas Juntas que se constituyeron en aras a agilizar la toma de decisiones. Todo ello para que no se lleven a equívocos o malas interpretaciones cuando se concentren en mi narración.
La propia ciudad se encontraba regida por el Concilio de Ciento, al que llamaban indistintamente; el Consistorio o el Concilio, y que para sus señorías es el semejante a un ayuntamiento.
File:Asediodebarcelona1652.jpgSu cabeza visible era por aquellos entonces Don Manuel Flix i Ferreró, Conseller en Cap, quien se manifestó contrario a la declaración de Guerra a Ultranza. El cargo de Conseller en Cap, sería ostentado a partir de Noviembre de 1713 por Rafael Casanova, personaje por todos, conocido.
Han de saber que el Conseller Don Manuel Flix i Ferreró constituyó una junta de carácter municipal, conocida por la Junta 24ª de Guerra, y si ésta no podía reunir a sus miembros por la causa que fuera y la urgencia del negocio lo exigía, lo haría la 9ª de Guerra de Barcelona, constituida a tal efecto para procurar mayor agilidad en la toma de decisiones.
Esas juntas representaban al Consejo de Ciento y estaban en clara oposición a la beligerancia contra el Borbón, ya que intentaban con sus deliberaciones, impedir o retrasar las resoluciones que adoptaba la conocida como la Junta de los 36, constituida por 12 miembros de cada brazo y que aglutinaba todos los poderes de los Brazos Generales.
Opino que queda aclarado pues, señorías, que la Junta de los 36 constituía el gobierno permanente de todo el principado en sustitución de los Brazos Generales, pues gozaba de poder absoluto aunque por un tiempo determinado, tiempo que fue prolongado al llegar este a su conclusión.
File:Setge-barcelona-1697.jpgDebo añadir que el Conseller en Cap ostentaba entre otros cargos el de coronel de las milicias urbanas de la ciudad de Barcelona, milicia conocida popularmente por la Coronela, amén de ser gobernador de la fortaleza de Montjüic.
La Coronela quedaba dispuesta por la integración de todos los gremios de la ciudad, y era la encargada de protegerla frente a cualquier enemigo, por eso la gobernaba el Conseller en Cap, que era su coronel.
Pero naturalmente se preguntarán qué era eso de los Brazos Generales. Señorías, intentaré esclarecer este pormenor, pese a que ya están alterando mi sosiego con tanta reseña.
Tengo que anticiparles que las Cortes Catalanas estaban formadas por los llamados Brazos Generales que representaban a todo el territorio del principado, y que se dividían en el conocido Brazo Militar, compuesto por nobles, el Brazo Eclesiástico, cuyos representantes eran miembros de la jerarquía religiosa, y por último, el Brazo Real, que lo integraban los representantes de los municipios de Cataluña, es decir, el pueblo.
Los Brazos Generales solo podían ser convocados por la Diputación del General de Cataluña, o llámenle sus señorías si lo desean: Generalitat, que era el sistema institucional en que se organizaba políticamente el autogobierno de toda Cataluña.
Así pues, después de la firma del tratado de Utrech por el que el archiduque debía retirar las tropas de Cataluña, y entregar el principado a Felipe V, punto ratificado por el acuerdo de evacuación de Hospitalet firmado a espaldas de los catalanes por el virrey del archiduque, Guido Starhemberg, fueron muchos los ciudadanos que no estaban de acuerdo con que les gobernara el Borbón, pues el monarca les despojaba de sus “privilegios”, es decir, de su forma de autogobierno.
Fitxer:Junta de guerra de l'1 de Setembre de 1714,amb la participació d'Antoni Villarroel, Casanova i Basset.jpgCon esa profunda desazón en sus corazones, los barceloneses solicitaron al virrey, Guido, que les autorizara a que la Diputación convocara a los Brazos Generales para deliberar sobre ese espinoso y delicado asunto, accediendo el virrey a la petición de convocatoria.
A la vista de la situación política que se vivía, donde el archiduque retiraba sus tropas a la vez que las huestes de Felipe avanzaban por todo el principado, reclamando sumisión al Borbón y conociendo los catalanes el absolutismo del monarca, pues ya les había anticipado por correspondencia que solo reconocería los privilegios de los castellanos, los cuales haría extensibles a Cataluña si no se oponían a su gobierno, fueron muchos los barceloneses que rechazaron esa generosa oferta por considerarla una humillación para los catalanes, dado que no respetaba sus fueros centenarios.
Claro está que no todos se manifestaron en contra de la oferta del monarca, pues los hubo quienes se declararon partidarios a la sumisión a la corona de los borbones, aduciendo que una guerra sería la perdición de Cataluña. Los sumisos, y lo digo, señorías, para conocimiento general, estaban compuestos tanto por partidarios de Felipe V como del archiduque Carlos, pues coincidieron que una guerra solo traería nefastas consecuencias al principado, pese a que abrazaban a diferentes monarcas.
Es en ese instante cuando los Brazos Generales, reunidos por separado con la venia del virrey, para decidir sobre si aceptaban o no al nuevo monarca y su generosa propuesta, impuesto éste a los catalanes por los tratados internacionales —Utrech—, donde los del principado no habían podido intervenir en favor de sus fueros, pese a los denuedos de sus embajadores, como el incansable y viajero Don Pablo Ignacio de Dalmases i Ros, debiendo renunciar a sus “privilegios”, que se declararon dos bandos bien diferenciados en el seno de las instituciones catalanas, y por ende, en la misma ciudad de Barcelona y entre sus vecinos.
Por un lado teníamos a los sumisos, o partidarios de la paz, y por otro lado, los radicales, que se ampararon en que el archiduque proseguía la guerra contra Francia y que en el tratado de Utrech, pese a encontrarse obligado a evacuar sus tropas de la península, ni mucho menos renunciaba a la corona de Las Españas, lo que fue motivo suficiente para que los radicales, partidarios de la guerra para mantener sus “privilegios” intactos, se opusieran por todos los medios a que Cataluña mostrara sumisión al Borbón, declarándose fieles partidarios de Carlos, el archiduque.
Fitxer:BanderaNegre.jpgAsí pues los radicales, con el noble Manuel de Ferrer i Sitges a la cabeza, seguido y arropado por varios nobles y mercaderes, a quienes les movía únicamente el continuar manteniendo altos beneficios en sus transacciones comerciales, y viendo éstos que se les cerraban los puertos y ocasiones de negocio al haber firmado España un tratado de libre comercio con Francia, quedando sus paños en seria desventaja frente al de los gabachos, unido a lo firmado en Utrech, que concedía a los ingleses el mercadeo con las indias y el de esclavos, decidieron radicalizar su postura a favor de la declaración de guerra, de lo contrario sus negocios estaban abocados a la ruina.
Para convencer a los sumisos, los migueletes desperdigados por Sarriá, pues ya no había ejército del archiduque, ni virrey que les dispusiera obligación alguna que cumplir. Libres de mando y juramento alguno, se introdujeron en las calles de Barcelona, y quizás, alentados por los mercaderes y su afán de beligerancia, pues eran hombres de la peor calaña, se dedicaron a recorrer las callejas de la urbe amenazando a los nobles para convencer, mediante las coacciones y el terror, que lo mejor para Cataluña era que se votara a favor de la contienda.
Fue el Brazo Real, el pueblo llano, el primero en declararla, ya que el Brazo Eclesiástico se inhibió por mediar un conflicto bélico de por medio, pero manifestando que acataría el resultado de la votación de los otros dos brazos, el Real y el Militar.
Una vez conocido el voto del Brazo Real a favor de la guerra, los nobles pertenecientes al Brazo Militar, que en un principio votaron en contra de la contienda, hostigados por las hordas de migueletes y el pueblo, que amenazaban sus familias con colgarlos de los balconcillos de sus casas, consintieron en cambiar el sentido de su voto y hacerlo, en segunda instancia, a favor de la beligerancia.
Así pues, el estamento conocido como Los Tres Comunes, que aglutinaba a Los Brazos Generales, Al Concilio de Ciento y a la Diputación del General de Cataluña, declararon La Guerra a Ultranza al Borbón en un bando emitido el 9 de Julio de 1713, el mismo día en que Guido, el virrey del archiduque Carlos, abandonaba Barcelona con todo su ejército.
Los nobles, conocida la declaración de guerra, sin tropas que les pudieran defender, vieron peligrar su vida y hacienda si permanecían en la ciudad, pues conocían del avance de los ejércitos castellanos y franceses hacia Barcelona, y fueron muchos los que, hostigados por los migueletes y multitud de vecinos enardecidos, que los consideraban traidores por huir de la villa y haberse declarado sumisos al Borbón, obligando a sus vasallos cuando llegaban a sus baronías a declararse sumisos a Felipe V, abandonaron la ciudad y se cobijaron, en su inmensa mayoría, en Mataró.
Es entonces, señorías, cuando empezaron las tensiones entre las instituciones y el mando militar, que recayó en el castrense de profesión, Antonio de Villarroel y Peláez, un castellano nacido en la ciudad de Barcelona. De ahí su nombramiento frente a otros candidatos. Así pues, Villarroel, una vez aceptado el cargo, tuvo que enfrentarse tanto al Conseller Flix, como con Los Brazos Generales, o lo que era lo mismo, la Junta de los 36.
Villarroel, para agilizar las decisiones militares, limar asperezas y serenar los ánimos, propuso ostentar el gobierno de la fortaleza de Montjüic, algo que logró obtener por un tiempo determinado, hasta que Rafael Casanova lo despojó cuando alcanzó el cargo de Conseller en Cap. Con el mismo fin, Villarroel se desvivió por lograr obtener un mando único y propuso la constitución de la conocida Junta Secreta, compuesta entre otros por él mismo, Flix, el Conseller en Cap, y Don Manuel de Ferrer i Sitges.
Dicha Junta Secreta tenía como misión informar de las decisiones militares adoptadas por el teniente mariscal, Antonio de Villarroel, a Los Tres Comunes, que les recuerdo, señorías, que están compuestos por Los Brazos Generales, La Diputación y el Concilio de Ciento. De esa forma se aligeraba la toma de decisiones, o eso pensaba el castrense. Sin embargo las fricciones entre Villarroel, Flix y Manuel de Ferrer, no cesaron.
Y para no importunar más a sus señorías concluiré con lo que significaba la jurisdicción de la Gobernación Vice Régia, que se constituía, en ausencia del virrey, como era el caso que nos ocupa, pues éste desapareció de Barcelona con todo su ejército, para conocer entre otras, las causas criminales, que las hubo, y muchas.

4 comentarios:

  1. Muy interesante y bien resumido. Encuentro a faltar la traduccion al catalan.

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  2. Gracias Jordi por leerlo.
    La editorial que ha de publicar mi novela, está realizando gestiones para que pueda editarse en los dos idiomas: Castellano y Catalán. Espero que lo consigan.
    Un saludo.

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  3. Acabo de localizar tu blog en la red y me parece ameno y bastante bien documentado. La Guerra de Sucesión Española es una gran desconocida y, lamentablemente, los que hacen referencia a ella normalmente es para manipularla y utilizarla para sus intereses ideológicos o políticos. ¿Has podido publicar ya tu novela?
    Saludos y enhorabuena

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  4. Hola José Antonio, encantado de recibir tu visita. Como escritor intento ser objetivo. No me encuentro encorsetado en prejuicios políticos o ideológicos. En mi obra intentaré reflejar con rigor lo que he ido estudiando a lo largo de muchos meses que he dedicado a estudiar la obra de Castellví, Bruguera o Sanpere. Es una novela compleja, coral, dividida en dos partes: 1713, que abarca desde junio (la marcha de Guido, el virrey) hasta diciembre (embarque de Nebot hacia Italia y 1714, desde el primero de enero con el alzamiento en armas del principado contra los impuestos de Patiño, hasta la entrada en Barcelona de Berwich. Tengo muy adelantada la segunda parte (se editará en un solo tomo) y creo poder tenerla lista para final de año. Luego, entre corrección de estilo, maquetación, ilustraciones, mapas, callejeros y un largo etc, es posible que esté lista para Mayo o Junio de 2014. Un saludo.

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