GUERRA A ULTRANZA

GUERRA A ULTRANZA

Presentación en el Seminari de Tarragona

Presentación

sábado, 23 de febrero de 2013

El virrey, ¿traidor o mentiroso?


Guido Starhemberg, virrey de Cataluña desde la salida de la reina Elisabeth Cristina, consorte del archiduque Carlos, tuvo conocimiento de que el emperador ratificó el tratado de Utrech por carta recibida del marqués de Rialp, fechada en 20 abril de 1713. En la misiva el emperador le ordenaba que procediera a la evacuación de las tropas asentadas en Cataluña, y que el "asunto de los catalanes", esto es, la defensa de los privilegios del principado, debía ser tratado en las conferencias del armisticio que debían celebrarse con los enviados de Felipe V, para abordar el tema de la evacuación de las tropas, pero que dichas conversaciones, tuvieran éxito o no, no debían dilatar la salida de su ejército.

Guido ocultó las ordenes a los catalanes, es más, decía que no había recibido disposición alguna con respecto al embarco de las tropas. 

Sin embargo los catalanes, que sí conocían el tratado de Utrech en el que nada recogía sobre respetar sus fueros, constituyeron una junta, la novena, para tratar el asunto e instaron al virrey a que les ampliara los informes que tenia, sin ocultar nada. Guido respondió a la junta, que hasta que no estuviera bien "amarrado" el tema de los fueros, no embarcaría soldado alguno. ¿Iba Guido a desobedecer las órdenes de su emperador? Claro que no, solo retrasaba el embarque porque no deseaba quedar como un traidor frente al pueblo catalán y en todo caso, confiaba que el emperador fuera quien comunicara su resolución a su pueblo, eso es: "que intentaría salvar su privilegios en los acuerdos del armisticio que debían celebrar los generales, pero que las tropas tenían que embarcar con destino a Italia"

El 18 de Junio, llega el Almirante británico Jennings con sus navíos para el embarque de las tropas. El Almirante hace llegar un correo del emperador a Guido donde el soberano le enunciaba los puntos que debía tratar en la conferencia del armisticio, que se celebraría en Cervera. 

Jenings y Guido se entrevistaron y acordaron enviar a Cervera a dos comisarios británicos para que trataran con Grimaldi, el enviado de Pópuli, sobre el armisticio y el asunto catalán. Pese a los esfuerzos de los comisarios británicos para preservar los fueros catalanes, Grimaldi no cedió un ápice, respondiendo que ese tema no estaba contemplado en el tratado de Utrech, y que él no tenía disposiciones al respecto, por lo que lo único que podía hacer era expedir pasaportes para que los catalanes se entrevistaran con el duque. 

Los catalanes solicitaron al virrey la convocatoria de Brazos Generales para tratar el asunto, pues la junta constituida no tenía competencias, y éste, que ya había sacado a sus tropas de la ciudad y las había concentrado en el Besós, aceptó que se celebrara la asamblea de Brazos. No obstante, debido a sus órdenes de evacuación y la negativa de Grimaldi para tratar sobre el asunto, resolvió salir de la ciudad sin despedirse de nadie, después de firmar un acuerdo en Hospitalet. Dejando a los catalanes a su suerte.

Cataluña se enteró de que el virrey había firmado en secreto en Hospitalet, los acuerdos del armisticio y la evacuación de su ejército, sin que en él existiera párrafo alguno en defensa de sus fueros. En el acuerdo, Guido, antes de embarcarse, debía de entregar la plaza de Tarragona o de Barcelona, y todas las villas y fortalezas del principado, todo eso, mientras había aceptado la celebración de brazos y prometía a los catalanes que no embarcaría soldado alguno hasta tener bien amarrado el asunto. 

Pero las mentiras y dilaciones de Guido, alentando la ilusión de los catalanes, o mintiéndoles, como se quiera apreciar, pues nunca reveló las verdaderas órdenes del emperador sobre la marcha de su ejército, ni los acuerdos que firmó en Hospitalet, abocó al pueblo catalan, dado que las mentiras les habían restado tiempo para negociar o tomar cualquier otra decisión en defensa de sus centenarios fueros y privilegios, pues confiaban en su palabra de que sus fueros iban a ser respetados, no tuvieron más honrosa opción que declarar la Guerra a Ultranza.

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